miércoles, 7 de junio de 2017

El Amor es Sufrido



Nadie me dijo que me sentiría así. Nadie me dijo que iba a tener que vivir toda mi vida sintiéndome de esta forma. Nadie me dijo que cuando me convertiría en madre iba a tener que aprender a vivir con temores.

Cada embarazo, lo esperé con mucha ilusión. Desde el momento que me enteré que tenía una pequeña vida creciendo en mí, me sentí plenamente feliz, como nunca antes lo había sido, pero con esa felicidad llegaron los miedos y éstos nunca se fueron.

Embarazada, tenía miedo a que mi bebé no viva en el periodo de los 3 primeros meses, tenía miedo de que mi cuerpo en vez de protegerlo lo destruya, pero eso era sólo el inicio. Cuando mi dulce Naya nació, los miedos aumentaron. Tenía miedo de que deje de respirar mientras dormía o se ahogara con su leche. Ella no dormía en nuestra cama porque temía quedarme profundamente dormida y aplastarla en medio de la noche.



Pero eso no es todo, mientras más crecía más temores aparecían. Yo no soy de esas mamás que está detrás de su hija en un parque o dentro de la casa, que supervisa cada movimiento y se alarma en el momento cuando algo malo sucede. Yo siempre he podido mantener la calma en medio de situaciones difíciles, pero en la noche cuando estoy en mi cama, en medio de la oscuridad y me pongo a repasar en mi mente lo que hicimos ese día y las posibles situaciones en las que ellas pudieron sufrir un daño grave, es donde me quiebro y lloro.

Les debo parecer loca, lo sé, a veces no quisiera sentirme de esta forma, pero vivo con el constante temor de que algo horrible le va a pasar a mis hijas. Me despierto en medio de la noche llorando porque siento que algo terrible está por suceder y me desespera no saber lo que es y cómo evitarlo. 

¿Qué solución he encontrado? Pues, lastimosamente no tengo la solución más que dejarlo salir, he optado por llorar y llorar fuerte con el alma, porque si no lo hago lo tengo atorado en el cuerpo y la angustia aumenta hasta el punto que me duele todo. 

Nuestros cuerpos y mentes han sido diseñados para convertirnos en madres leonas, con instintos que no se pueden explicar y si bien es cierto, no todos los accidentes potenciales que pasan por nuestra mente le van a suceder a nuestros hijos, está bien de que estén ahí porque, de esa forma nos mantenemos alertas.

Yo he leído en la Biblia (1 Corintios 13:4-5) que el "Amor es Sufrido" y que "No busca lo suyo" y no puedo estar más de acuerdo con ello. Porque como madres experimentamos el amor más puro y sufrimos por ello y si por nosotras fuera, cambiaríamos lugares con nuestros hijos para ser quienes recibimos los golpes y no ellos.

¿Te has sentido así? ¿Te has imaginado situaciones terrorificas y no has podido evitar sentir desesperación? 
Yo también y ¿sabes qué? Es normal, pasa porque eres MADRE

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